¿Quién
está primero? ¿El huevo o la gallina? ¿Los medios
de comunicación ofrecen al público trivíalídades
y polémicas intrascendentes porque a éste le gustan estas
cosas; o el público se acostumbra a "gustar" de este tipo de contenidos
porque la prensa no ofrece más que eso?
¿Recibirá
o no el presidente electo Cubas Grau la banda presidencial de manos del
presidente saliente Wasmosy? ¿Cómo será el traspaso
de dicho símbolo del poder? ¿En manos de quién quedará
por unos minutos si es que Cubas no acepta recibirla de Wasmosy? ,
Estas
y otras preguntas por el estilo nos ocuparon y preocuparon a los paraguayos
durante las últimas semanas. La prensa se encargó de darle
espacio, ribetes polémicos, derivaciones insospechadas y hasta tono
de seriedad a esta inicua discusión generada en una actitud caprichosa
y pueril del mandatario electo. La banda presidencial se convirtió,
por efecto de este destaque inusual, en el "gran tema nacional" de nuestra
actualidad política.
La
difusión e importancia dada a tamaña nimiedad nos retrata
en cierto modo una de las falencias más notorias de nuestro sistema
de prensa; su excesiva atención a las cuestiones intrascendentes
y vacuas del acontecer nacional.
La prensa bargatelaria es
toda una realidad. No digamos que es un pecado original. No. Si la prensa
frecuenta, los corredores de la futilidad, lo hace casi siempre como dama
de compania de la clase política que no ha logrado superar su afición
por las polémicas anodinas y los temas baladies.
Si
la banda presidencial ocupa el tiempo y el espacio de la prensa es porque
en realidad ocupa también la mente y la acción de nuestros
políticos. Prensa y clase política se consumen, pues, en
un torneo de fruslerías cada vez menos interrumpido por el enfoque
de asuntos realmente importantes para el país. |
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Los
"grandes temas nacionales”, así las cosas, pasan a ser, además
de la banda presidencial, la cantidad de minutos, horas o días que
pasará Wasmosy sin fuero entre el momento en que deja la presidencia
y jura como senador vitalicio, la cantidad de bancadas que pueden formar
los colorados en la Cámara de Diputados, la observancia o no de
la prohibición de usar celulares en las sesiones del Congreso, etc.
¿Qué
grado de responsabilidad tiene la prensa en todo esto? Hay que decirlo
claro: los Periodistas y los medios de comunicación son muchas veces
absorbidos por este mar de trivialidades en el cual la clase política
se ha acostumbrado a chapotear.
El
pais precisa de una agenda de temas que precisan ser analizados, debatidos,
puestos en la consideración pública. Si los políticos
no son capaces de poner en agenda los temas urgentes y necesarios, ya sea
por inutilidad o por comodidad, la prensa no debe comportarse como cómplice.
Respondiendo de una manera
simplista e irresponsable a estos cuestionamientos, los directivos de los
medios de comunicación o los periodistas mismos tal vez se excusen
diciendo que "se ofrece al público lo que el público pide".
Sin embargo, debemos ver cuánto mal estamos haciendo a la sociedad
en la que nos desenvolvemos si como comunicadores sociales nos convertimos
en un engranaje más para el círculo vicioso de la instrascendencia
social.
Nuestro
deber ético es, antes que nada, contribuir a un debate serio de
los temas que realmente interesan a la sociedad para su desarrollo. La
inoperancia y futilidad de los políticos no debe disculparnos de
nuestro deber de informadores y formadores de opinión. ¿Qué
clase de cuarto poder o contrapoder -como queramos caracterizar- podrá
ser la prensa si ella misma se pierde en los laberintos de la ineficacia
y la trivialidad que consume a los poderes del Estado por acción
u omisión de la clase dirigente?
La
prensa tiene, pues, el reto y la obligación de superar esta lamentable
afición a las menudencias y futilezas para restaurar su condición
de generadora de la conciencia social critica. |