Lo
pienso en los años sesenta en Vietnam,escribiendo para la agenda
de noticias A.P. cuando yo todavia relataba carreras de escarabajos-con
cuatro años de edad-en el jardin de mi casa.Lo imagino en Bagdad
en 1991, protegiéndose con un micrófono de la lluvia de misiles
que su propio gobierno descargaba sobre la capital iraquí.Mientras,
yo estaba en Río de Janeiro tomando un jugo de maracujá en
la playa de Copacabana y conociendo a la que luego sería mi esposa.
No
hay carnet de la C.N.N. que valga, ni fama que se acumule, para poner en
cuestión el valor de Peter Arnett. Su propia cadena le ofreció
repatriarlo antes que comenzara la "madre de todas las batallas". Pero
como todo buen hijo de esta profesión se quedó a vivir la
historia en el lugar donde esta acontecía, al punto de entrevistar
a Saddam Hussein -sin saber en dónde estaba-a pesar de la censura
militar del mando aliado.
Tampoco
dejó intacto el orgullo norteamericana, al mostrar los horrores
tras bambalinas de una supuesta guerra electrónica limpia-que Schwarkoft
quiso presentar como vídeo juego.
La responsabilidad periodística
fue cuestionada por Washington D.C. que pretendía entonces- y casi
siempre como todo gobierno o lobby- un rol del informador que desinformara
en torno a la crudeza de los ataques o las opiniones del enemigo.No lograron
esa actitud obsecuente del periodista, ya curtido en la sospecha de "la
verdad oficial" ensayada por la Casa Blanca en sus etapas iniciales de
las guerras frías del este asiático.
Todos
los correligionarios del partido de la transparencia debemos asumir un
baño de verdad en lo que refiere a las limitaciones de nuestra profesión
y nuestra capacidad abarcativa.Nadie que cubra un suceso internacional,
mucho menos una guerra y ni siquiera un acto del IBR, puede pretender que
está reflejado todo lo que sucede.
La realidad es multidimensional:están
pasando muchas cosas a la misma vez.Nosotros somos humanos, percibimos
una cosa por vez, recogemos versiones de lo acontecido en el resto y terminamos
construyendo una reproducción linealizada de lo que sucedió,
contando lo que recogimos de las partes que son protanistas parciales del
asunto.
El
lector, el escucha y el televidente, juzgan en el largo plazo cuánrigurosos
y cercanos a la verdad comprobable son los reporteros de cada profesional.A
partir de ello nos dan una carta de crédito, pero que no pasará
del exitismo futbolero. O sea, que es apenas una nueva oportunidad hasta
la primera vez que crean que fallamos. A partir de entonces estaremos sometidos
a la permanente duda.
Un espectador crítico
debiera siempre someter toda noticia a este tratamiento, pero lo cierto
es que medio o periodista de su preferencia será "perfecto" hasta
que un día el humano |
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choque de primera mano con
un hecho que le demuestre que lo mediático es diferente o contrario.
El
profesionalismo del periodeista a la vez se ve sometido a la tensión
de los espacios y los cierre.Plazos que conspiran contra la mejor confirmación
y extensiones que le obligan a recordar su reproducción lincal -ya
recortada de la realidad multidimensional- para respetar los estilos de
la edición.De ahí que sólo honestidad, capacidad y
rigor del periodista y del medio, son las garantías que tiene un
ciudadano- espectador para estar bien informado.
Hoy
que Peter Arnet está cuestionado en C.N.N. por un supuesto recorte
intencional de datos que hubieran relativizado o arruinado el sentido de
un informe -sobre uso de gas nervioso por EE.UU contra sus tropas desertoras
en Laos -me queda un sabor amargo:
.1)
Comprendo una vez más que una carrera se construye durante décadas
y se destruye en dos minutos.
2) Me molesta que
periodistas que no le llegan ni a la suela se tomen libertades de opinar
con ligereza de cuerpo y sin tener todos los datos de lo que pasó.
3) No creo que en
el periodismo haya papas ni santos, y por lo tanto tampoco hay intocables
ni hombre providenciales.
4) Creo que hubo
claras presiones del Pentágono y CNN temió un juicio demasiado
grande.
5) La presión
del éxito puede llevar a periodistas a buscar demaciado una primicia,
que los mantenga en el candelero, como para jugar en los extremos de lo
comprobable.
6) Los periodistas
no debemos ser la vedette sino la noticia.
7) Debemos combatir
diariamente aquella frase horrible de un editor argentino que le pedía
a sus profesionales que no dejaran que "la relidad nos arruine una buena
nota"
Con
respectoa Peter Arnett y a su historia, le concedo el beneficio de la duda
hasta tener más datos sobre lo que se teje atrás de esta
sanción.
También se la concedo
a los productores del informe, que se hizo durante seis meses y no de apuro,
los cuales fueron despedidos por ser menos famosos que dicho profesional.
Un reportaje es un formato
del gran periodismo, donde se destaca la capacidad para recoger datos e
integrarlos a un plano global, al bosque de un tema o problema.Cortar y
Armar es la tarea nuestra de todos los días y deberemos asumir la
responsabilidad si el collage no resulta representativo si el collage no
resulta representativo de la realidad. |