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LA REFORMA DE LA EDUCACIÓN MEDIA.

A pesar de la triste situación general del país y a pesar de que las reformas del Estado caminan con ritmo cansino de carreta de bueyes por senderos obscuros y llenos de obstáculos, la educación escolar sigue ininterrumpidamente su firme decisión de cambiar, actualizar y mejorar la educación.
En términos generales parecería imposible reformar la educación y pretender que esté bien, cuando todo el país está mal y las reformas tienen enemigos y frenos muy poderosos.

Oscar Martín López sj.

Sin embargo el interés de toda la población para que la educación llegue a todos y levante sus niveles de calidad, con la inquietud de los educadores profesionales y la tenacidad esforzada de los responsables de las políticas de educación, el Consejo Nacional de Educación y Cultura (CONEC) y el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) están logrando que la educación continúe su proceso de reforma y mantenga aún algunas esperanzas.

Estamos acabando el primer noveno grado de la Educación Escolar Básica (EEB), están listos los profesionales y los instrumentos para evaluar los primeros resultados de la reforma iniciada en 1993 y está en marcha la consulta nacional, Departamento por Departamento, sobre cómo debe hacerse la reforma de la Educación Media y cómo deben ser en adelante los Bachilleratos y la Formación Profesional de este nivel.
Es el momento de reflexionar, dialogar y buscar consensos sobre lo que queremos, sobre cómo debe ser la Educación Media de aquí en adelante. La reflexión, el diálogo y la búsqueda de consensos debe ser compartida, por eso me ha parecido una excelente idea aceptar la invitación de la revista ACCIÓN para poner algunas ideas sobre qué es la reforma de la Educación Media (EM), qué pretende ser, por qué se hace, para qué y cómo se podría desarrollar.

Mi reflexión está inspirada en la plataforma de la Filosofía de la educación. En este momento no me toca hacer un análisis desde la perspectiva de los ejecutivos, de los realizadores, sino desde la perspectiva de los primeros pasos de todo proceso de reforma en educación, los pasos reflexivos de la filosofía. Algunos piensan que filosofar es distanciarse de la realidad y volar por las alturas descarnadas de la abstracción; que las filosofías, como las teorías, sirven poco, porque no aterrizan en la realidad. La verdad es que la verdadera filosofía es todo lo contrario es reflexionar sobre la realidad no sólo para conocerla y desentrañarla, sino para poder intervenir en ella y transformarla inteligentemente y con garantías de estar orientados y acertar.

Qué es la reforma de la E.M.

La primera pregunta del filósofo se interesa por la naturaleza y la esencia de las cosas. El filósofo se pregunta: "qué es"; en este caso, nos preguntamos "¿qué es la reforma de la EM?". Incluso, se da un paso más preguntándonos, "qué pretende ser".
Las dos preguntas apuntan a la esencia del proyecto y pueden recibir múltiples respuestas, diferentes todas como lo puedan ser las perspectivas desde las que se intente responder.
¿Es una actualización del subsistema escolar de este nivel de la educación escolar?
¿Es una propuesta de revisión y de redefinición del perfil de cómo queremos que sean los jóvenes?
¿Es un soporte fundamental para el desarrollo intelectual, de producción de conocimientos, que necesita el país?
¿Es un replanteamiento de las funciones que deben ocupar los jóvenes para el desarrollo social y económico del Paraguay?
¿Es la puesta en marcha de las bases para un nuevo modelo de sociedad?
¿Es una consolidación de nuestra identidad cultural?
Todas estas respuestas y otras muchas más posibles estarían apuntando a objetivos deseados, a lo que se puede pretender con la reforma. Hablando estrictamente ninguna nos da la esencia de la reforma.
Para identificar la naturaleza de la reforma, tal vez tendríamos que recurrir a una definición descriptiva. Podríamos decir algo así como que la reforma de la EM es un proceso administrativo de acciones colectivas, que revisa y cambia lo que el actual sistema educativo hace con los adolescentes de este nivel, para conseguir los objetivos que nos proponemos.
Evidentemente que esta descripción está cargada de nuevas preguntas : de qué clase de proceso se trata, qué tipo de administración, de qué acciones colectivas hablamos, qué se entiende por revisar y cambiar, de qué adolescentes nos estamos ocupando, cuáles son esos objetivos propuestos, etc.. No obstante la generalización propia de toda definición, la descripción de sus componentes nos da pistas válidas para saber de qué estamos hablando cuando decimos que estamos en la tarea de la reforma de la EM.

Los presupuestos filosóficos

El primer presupuesto de la reforma es el carácter eminentemente social de la educación. Educar es sobre todo una acción social. Consecuentemente al pensar en la reforma de la educación hay que explicitar de alguna manera el concepto o la clave social en que queremos ubicarla. La reflexión sobre la educación, la filosofía de la educación, debe coordinarse con la filosofía sobre la sociedad.
Actualmente podemos simplificar el panorama de la filosofía de la sociedad en dos grandes corrientes: la de quienes consideran la sociedad como "sistema", entre quienes vale la pena destacar a Niklas Luhmann; y la de quienes consideran la sociedad como "mundo de vida", entre quienes destacan Peter Berger y Thomas Luckmann. Si algún lector de ACCIÓN está interesado en profundizar esta síntesis puede leer el libro "Después de la modernidad. Nuevas filosofías de la educación", escrito por Antoni J. Colom y Joan-Carles Mélich, publicado en la editorial Paidós.
La reforma de la EM, si la sociedad es concebida como sistema, toma un relieve y adquiere unas proporciones de trascendencia extraordinarias. La reforma de la EM no es simplemente cambiar el currículo, preocuparse por qué asignaturas quedarán y calcular cuántas horas tendré que dedicar o cuántas horas de clase perderé con este nuevo diseño. La reforma es desencadenar un proceso por el que al cambiar una pieza del sistema, uno de sus elementos estructurales, afecto a todo el sistema no sólo educativo, sino social, y provoco tensiones y cambios en toda la sociedad.
No estamos acostumbrados a pensar que lo que se haga en las aulas de la EM, incluso en el mejor de los bachilleratos, pueda afectar a cambios fundamentales de la sociedad. Para comprender la trascendencia de los adolescentes, de la visión que ellos tengan del mundo, de su ubicación e intervención en el escenario de la sociedad, sería bueno recordar los movimientos contraculturales de jóvenes que levantaron crisis profundas en comunidades de occidente, como los del movimiento beat, los hippies o, si se quiere, mejor aún el mayo 68 de París. La brevedad de este artículo no me permite desarrollar el tema, pero invito a los lectores interesados a leer a los analistas, como Paul Ricoeur, que más se han ocupado de la subida de la imaginación al poder, de los movimientos contraculturales juveniles y sus consecuencias.
Si la reforma de la EM es un fracaso, el costo será altísimo para el presente, para el futuro inmediato y para el futuro remoto del país. Si es un éxito, recogeremos frutos cargados de nuevas realidades que hoy son puro sueño.
Tomar como clave de interpretación y como teoría social para el proyecto la propuesta de los filósofos que ven a la sociedad como un "mundo de vida", inspirados en la fenomenología del último Husserl, puede darnos elementos vitales para encarar la reforma y esperar de ella los resultados deseados. Hay manifestaciones, fenómenos sociales, en nuestra juventud que la reforma no puede olvidar o marginar. Los educadores tenemos que preguntarnos por qué la mayoría de los actuales estudiantes de secundaria no estudian ni encuentran interés alguno en hacerlo, por qué son tan capaces para sus proyectos de fiestas y deportes y resultan tan poco expresivos y creativos en las aulas, por qué los adolescentes buscan evadirse de la realidad con música impactante, con alcohol y otras drogas, cuando son capaces de comprometerse hasta dar la vida por una causa justa incluso de corte netamente político, como fue el marzo paraguayo. Hay otras muchas preguntas sobre otros fenómenos y manifestaciones impresionantes de nuestros adolescentes en sus microcomunidades y en su proyección social.
La reforma tiene que plantearse de manera que pueda dar respuesta satisfactoria a estas manifestaciones juveniles. La capacidad de iniciativa y acción de los jóvenes, su creatividad, su sentido de libertad y el inquieto deseo de autonomía, su acceso a la información por su constante relación con los medios de comunicación, su facilidad para el uso de nuevos lenguajes, etc., difícilmente encuentran lugar en el aula.
Sería un error proponer una reforma que sólo mire a las ciencias y a los conocimientos y prescinda de los fenómenos que revelan el verdadero estado y la vocación humana de la adolescencia y la juventud. La reforma no busca solamente el desarrollo científico, tecnológico y económico-laboral, busca, sobre todo, el desarrollo humano y el consiguiente desarrollo social y político, de cada estudiante y de la comunidad.
Las dos corrientes citadas pueden ser reconsideradas desde filosofías tan críticas y vitales como la de Habermas y la de Rawls. Habermas con su propuesta de la "acción comunicativa", pone el acento en la comunicación como factor constituyente de sociedad. Un tema apasionante a la hora de pensar en una reforma educativa para la adolescencia, etapa de vida en la que la comunicación es substantiva.
Rawls por su parte pone el acento en la justicia, como factor generador y condición indispensable para que exista sociedad. Otro tema medular a la hora de pensar en la adolescencia, en la primera juventud, en la que los sentimientos de justicia son extraordinariamente recios y motivadores.
Quiero decir que la reforma de la EM debe plantearse en el escenario de alguna filosofía social y que cualquiera de las actualmente más importantes puede inspirar planes de reforma que superan la acostumbrada y limitada propuesta curricular.


El por qué, el para qué y el cómo filosóficos

La reforma de la EM se justifica sobradamente; bastaría recordar algunas informaciones sobre los diagnósticos que se han hecho del estado actual de la educación que ahora llamamos secundaria. Grave inequidad al dejar fuera del sistema al 60% de los adolescentes; bajos resultados con pobres rendimientos; alta repitencia y deserción; asimetría injusta entre la zona rural y la zona urbana; ruptura de continuidad del Bachillerato con la Universidad, imponiendo cursos y cursillos de preparación para el ingreso; insuficiente infraestructura con escasez extrema de colegios (unos 1.800 frente a unas 6.800 escuelas); deficiente capacitación para la vida y el trabajo; ausencia de la formación ética; escasa capacitación y profesionalidad pedagógica de los profesores, etc.
Si consideramos la situación de nuestra educación media en comparación con la de los países de la región o si ponderamos las crecientes exigencias de los estudios superiores y del mundo del trabajo, por el desarrollo y los acelerados cambios de las ciencias y las tecnologías, se hará más evidente aún la necesidad de reformar nuestra EM.
Hay además razones culturales que son mucho más profundas y que requieren urgente atención, no sólo por la problemática del bilingüismo, sino por la pujante influencia de la cultura propiamente juvenil. Junto a esto debemos citar los problemas de género y la crisis económica que afecta muy directamente a las posibilidades reales de incorporar adolescentes a la EM.
Es obvio, nuestra educación secundaria, en general, y nuestro actual bachillerato en concreto necesitan una urgente reforma. No sirven, no están actualizados ni responden a las exigencias de la sociedad presente y, menos aún, del futuro inmediato y remoto.

El debate se hace más apasionante si pensamos en los fines y objetivos de la EM. Hay coincidencias en algunos objetivos, pero no todos tenemos la misma visión sobre la naturaleza de la EM, empezando por discutir si la EM debe tener autonomía o debe ser considerada simplemente como una etapa propedéutica, es decir, de preparación para las alternativas posteriores.
Las diferentes concepciones humanísticas y sociales, así como las posibles diferencias ideológicas deben ponerse sobre la mesa del diálogo para llegar a un consenso lo más universal posible.
Dar respuesta al cómo filosófico, no al cómo operativo, requiere más profesionalidad y especialización. Son los profesionales de la educación principalmente quienes tendrán que dialogar sobre qué teoría o teorías del conocimiento, del aprendizaje, del currículo, de la didáctica, de la evaluación, de las tecnologías educativas, etc., inspirarán el quehacer de los profesores que asuman la reforma.
Para este diálogo sobre la reforma de la EM estamos todos invitados. Los alumnos porque son los protagonistas, los profesores porque son actores principales para facilitar los procesos, los padres y madres porque comparten con sus hijos las responsabilidades de decisión, los directivos porque toda reforma pasa necesariamente por la gestión, la opinión pública, especialmente representada por los medios de comunicación social porque tienen la responsabilidad de informar, orientar y proponer, los políticos porque con su participación en el poder contribuirán a la definición y viabilidad de las políticas necesarias, el MEC porque encarna al Ejecutivo y necesita continuar la reforma de sí mismo, las Gobernaciones y Municipalidades porque están comprometidos por la Constitución y la Ley General de Educación, el Poder Legislativo porque tendrá que actualizar y crear leyes aptas para el proyecto de la reforma, el Poder Judicial porque debe velar por el cumplimiento de las leyes, para que todo sea justo y para que la justicia y el derecho sean para todos.
En resumen, la reforma educativa de la EM es responsabilidad de todos.

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